RICARDO - Emilio Castelar
- Format: Broché Voir le descriptif
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Présentation Ricardo Format Broché
- Livre
Résumé :
Nuestro Madrid es pueblo esencialmente sobrio, y para persuadirse de que nuestro Madrid es pueblo esencialmente sobrio, no hay como pasearse por sus calles, y ver cu?n desprovistas se hallan de aquellas fondas, de aquellas galer?as, de aquellas tiendas por Par?s esparcidas en abundancia, y que ofrecen al paladar toda suerte de licores y manjares. En el a?o de 1866 todav?a era menor el n?mero de establecimientos consagrados a lo que pudi?ramos llamar comida p?blica. Exceptuando las tabernas, con sus fr?os pedazos de bacalao frito, y sus tortillas pertenecientes a la edad de piedra; los figones, donde los mozos de cuerda restauraban sus fuerzas, con aquella olla tan provista de tocino como desprovista de carne; las fondas de r?brica, en su mayor parte inhabitables, Madrid no ten?a m?s comedores oficiales que cierto salon de los entresuelos del Caf? Suizo, completamente abandonado del p?blico; la casa de Lhardy, que de uvas a peras mostraba en su escaparate algunas cabezas de jabal?, como dispon?a en sus cocinas algunas comidas de encargo; y el llamado, a la francesa, restaurant de Farrugia, sito a la entrada de la Carrera de San Jer?nimo, casi en la desembocadura de la Puerta del Sol, donde un aficionado al bien comer se arruinaba, por dar platos buenos a bajo precio, y por fiar demasiado en las pagaderas, m?s estrechas ciertamente que las tragaderas, de sus comensales y parroquianos. Entonces, aunque el Caf? Espa?ol exist?a ya, y daba de comer en los cuartitos del callej?n de Gitanos, todav?a no se levantaban los salones de Fornos, que luego pasaron a socorrido asunto de arengas tribunicias y tema favorito de oposiciones pol?ticas. Madrid mostraba su sobriedad hist?rica, que tanto disgusta a los extranjeros, y tanto cuadra a nuestro hist?rico car?cter.